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domingo, 4 de septiembre de 2011

ZONA TRANSGENICA - Una investigación de la Universidad de Quebec. Efectos en los embarazos.

Efectos de los cultivos transgénicos

La toxina Bt aparece en la sangre de fetos i madres

Un estudio publicado en el mes de marzo[1] muestra la presencia de diferentes toxinas derivadas de los cultivos transgénicos en la sangre de mujeres, mujeres embarazadas, y fetos. El estudio, desarrollado en Quebec (Canadá) muestra que la toxina Bt producida por variedades de maíz y soja transgénicas aparece con una frecuencia muy alta, ya que se encontró en un 93% de las muestras de sangre de mujeres embarazadas, en un 80% de las de fetos, y en un 69% de las de mujeres no embarazadas. Dado que ninguna de las mujeres ni sus compañeros habían trabajado con insecticidas, esta toxina aparece como resultado del consumo de alimentos que la contienen debido a que han estado producidos con maíz y/o soja transgénica.
El estudio también muestra la presencia del herbicida glifosato en un 5% de las mujeres embarazadas, del herbicida glufosinato (la exposición al cual aumenta el riesgo de malformaciones congénitas) en un 18% de las muestras de mujeres no embarazadas, y de 3-MPPA (producto del metabolismo del glufosinato) en un 100% de las mujeres embarazadas y de los fetos, y en un 67% de las mujeres no embarazadas.
Estudios epidemiológicos han mostrado que personas expuestas al herbicida glifosato tienen un riesgo mayor de tener abortos y de desarrollar linfomas[2]. En estudios de laboratorio el glifosato retarda el desarrollo del esqueleto fetal y tiene efectos adversos en el sistema reproductivo en ratas[3].
Por su parte, el glufosinato aumenta el riesgo de malformaciones congénitas en persona expuestas a él[4], y en ratas de laboratorio retarda el crecimiento y aumenta la tasa de mortandad[5].
Para vergüenza de las instituciones responsables, éste es el primer estudio epidemiológico que analiza la sangre de personas expuestas al consumo de alimentos transgénicos 15 años después de haber aprobado la producción comercial de las primeras variedades transgénicas. Los resultados obtenidos muestran la necesidad de parar la producción comercial de transgénicos porque los posibles efectos de esta vía de exposición de los fetos a la toxina Bt no han sido estudiados en absoluto.


[1] Aris, A., S. Leblanc. Maternal and fetal exposure to pesticides associated to genetically modified foods in Eastern Townships of Quebec, Canada. Reproductive Toxicology (2011), doi:10.1016/j.reprotox.2011.02.004.
[2] Savitz, D.A., T. Arbuckle, D. Kaczor, K.M. Curtis. 1997. Male pesticide exposure and pregnancy outcome. American Journal of Epidemiology, 146(12): 1025-1036.
Hardell, L., M. Eriksson, M. Nordstrom. 2002. Exposure to pesticide as risk factor for non-Hodgkin’s lymphoma and hairy cell leukemia: pooled analysis of two Swedish case-control studies. Leukemia & Lymphoma, 43(5): 1043-1049.
DeRoos, Z.S.H. et al. 2003. Integrative assessment of multiple pesticides as risk factors for non-Hodgkin’s lymphoma among men. Occupational and Environmental Medicine, 60(9), E11.
[3] Dallegrave, E. et al. 2003. The teratogenic potencial of the herbicide glyphosate-roundup in Wistar rats. Toxicology Letters, 142:45-52.
Dallegrave, E. et al. 2007. Pre- and postnatal toxicity of the commercial glyphosate formulation in Wistar rats. Archives of Toxicology, 81: 665-673.
[4] Garcia, A.M., F.G. Benvaides, T. Fletcher, E. Orts. 1998. Paternal exposure to pesticides and congenital malformations. Scandinavian Journal of Work, Environment and Health, 24: 473-480.
[5] Watanabe, T., T. Iwase. 1996. Developmental and dysmorphogenic effects of glufosinate ammonium on Mouse embryos in culture. Teratogenesis, Carcinogenesis, and Mutagenesis, 16: 287-299.

sábado, 3 de septiembre de 2011

Los objetivos de Slow Food

Slow Food defiende la biodiversidad en la oferta alimentaria, impulsa la educación del gusto y pone en contacto a productores de alimentos de calidad y a coproductores a través de múltiples iniciativas.


Defensa de la biodiversidad
Slow Food considera que el placer que nos procuran bebidas y alimentos de excelencia ha de combinarse con los esfuerzos por salvar las innumerables variedades tradicionales de cereales, legumbres y frutas; las razas animales y productos alimentarios que corren riesgo de desaparición por la imposición de una alimentación sometida por la comodidad y las industrias del sector agrícola. Slow Food trata de proteger ese nuestro inestimable patrimonio gastronómico a través de los proyectos de Arca del Gusto y de Baluartes (puestos en marcha por la Fundación Slow Food para la Biodiversidad), y también de Terra Madre. Tiene un clara postura a favor de la ecología, combatiendo activamente a quienes destruyen el medioambiente. Considera que la producción de semillas transgénicas y el mal llamado bio combustible son un crimen contra la humanidad, proponiendo campañas a favor del etiquetado de productos que contengan OGM y posturas a favor de la libertad del uso de semillas, condenando empresas como Monsanto o similares.

Educación del gusto
El gusto es algo subjetivo. Pero se adquiere y es el resultado de una educación. La industria alimentaria, interesada en una estandarización de los sabores, lo sabe mejor que nadie. Contra este fenómeno, de fatales consecuencias sobre nuestras tierras y nuestras formas de vida, Slow Food ha puesto en marcha una serie de programas para todos: al reactivar y educar los sentidos, Slow Food nos permite redescubrir los placeres de la mesa y comprender cuán importante es la procedencia de esos alimentos, la forma de producción y quien los produce. Las actividades de los Convivia nos permiten a todos, socios o no, descubrir alimentos y productores, y los Laboratorios del Gusto nos ofrecen degustaciones dirigidas por expertos alimentarios. Iniciativas en los medios escolares, como son los huertos escolares de convivium, permiten a los más jóvenes beneficiarse de experiencias concretas en relación a lo que comen y lo que ellos mismos cultivan. En la Argentina trabajamos activamente con la Escuela Argentina de Educación del Gusto (EAG) realizando laboratorios, talleres y trabajo en escuelas, con docentes, padres, y chicos.

Slow Food es cofundador de la Universidad de Ciencias Gastronómicas, para ofrecer en sus cursos enseñanzas relacionadas con la cultura, la ciencia y la historia de la gastronomía. La UNISG (por sus siglas en italiano) es para Slow Food un medio suplementario de reunir la innovación y la investigación de los sectores universitarios y científicos, con los sabores tradicionales de las granjas y de los productores alimentarios, a fin de contribuir al nacimiento de una nueva generación de profesionales alimentarios por todo el mundo.

Poner en contacto a productores y coproductores
Slow Food organiza ferias, mercados y muestras de amplitud local e internacional, a fin de exponer productos de excelencia gastronómica y ofrecer a los consumidores responsables la oportunidad de contactar con los productores.
También apoya circuitos de distribución alternativos como los mercados de productores, proyectos agrícolas con el apoyo de la comunidad o asociaciones de compradores, que contribuyen a disminuir la distancia entre productores y coproductores.
En Argentina apoyamos las manifestaciones de mercados solidarios, como SABE LA TIERRA, el MERCADO BOMPLAND, EL GALPON.
Trabajamos activamente con las comunidades originarias (QOM - Toba, Mapuche, Guaraní, etc)
Organizamos cenas temátcas articulando la presencia de pequeños y medianos productores de alimentos en cartas y menues de restaurates de Buenos Aires.

Nota diario Clarín:

Nota en Diario Clarín, sección Vida Cotidiana.

Sociedad

.Sección Vida CotidianaClarin.com

SÁB 27.08.11


El antídoto contra las comidas rápidas cumple 10 años en el país

“Slow food” ya tiene 20 sedes locales. Apuntan a “saborear en vez de devorar”.
PorAneris Cassasus ESPECIAL PARA CLARIN
Ir lento como el caracol. Al menos a la hora del almuerzo. Cambiar el sandwich a las apuradas encima de la computadora para detenerse a saborear una comida elaborada y libre de agroquímicos. Para recuperar las tradiciones alimentarias, en 2001 desembarcó en Argentina Slow Food, un movimiento internacional que nació en 1989 en Italia y Francia en oposición al fast food. Hoy la tendencia suma cada vez más adeptos y ya existen más de 20 conviviums – así se llaman las asociaciones locales de la organización – distribuidos por el país. A eso se le suman chefs, restaurantes, comercios, mercados y exposiciones gastronómicas que adhieren a “la movida slow”.
“Promovemos un tema vinculado al placer personal por la comida y a una recuperación de ciertos hábitos y costumbres alimentarias”, dice Santiago Abarca, uno de los precursores de Slow Food Argentina. “Lo alimentario tiene que ir ligado a otra forma de vida: vivir más despacio, tener momentos para poder escaparse de la vorágine del mundo moderno”.
Uno de los principales objetivos de Slow Food es proteger la biodiversidad. Por eso se oponen al uso de agroquímicos y transgénicos promoviendo la producción orgánica de alimentos. Además, trabajan para impedir la desaparición de comidas regionales que se ven amenazadas por la producción estandarizada de comida.
“El movimiento ha crecido porque la gente empezó a tomar conciencia de que es una filosofía de vida, sobre todo en ciudades como Buenos Aires donde todo nos lleva a correr detrás de algo. Hay muchísimos cocineros jóvenes que ya están desarrollando la cocina slow en el país”, dice Patricia Döuek Pirotte, presidenta de la Fundación Gastronómica Iberoamericana. Se ve cada año en la muestra “Caminos y sabores” de la que participan chefs especializados en platos regionales. La feria se inició en 2005 con 100 expositores y el año pasado llegó a los 400 con más de 2.000 productos exhibidos.
La movida creció tanto que en algunos locales gastronómicos de Europa, por ejemplo, ya existe un sello “Slow Food” que garantiza que en ese comercio venden comida libre de transgénicos. La dificultad es que implica una estructura de verificación que en Argentina aún resulta difícil de montar. “De todos modos, hay lugares que no son el purismo slow pero adhieren a la onda verde. O están las pizzerías tradicionales que hacen productos muy nobles”, dice Abarca.
Quienes quieran sumarse, deberán bajar un cambio y tener en mente la lentitud del caracol, emblema de Slow Food. Lo dice Carlos Petrini, fundador del movimiento: “Este animal cosmopolita y prudente es un amuleto contra la velocidad, la exasperación, la distracción del hombre demasiado impaciente para sentir y gustar”. Ese hombre que olvida demasiado rápido lo que acaba de devorar.
Sus principios:
Bueno: se trata de alimentos frescos, sabrosos y de temporada que satisfacen los sentidos y pertenecen a la cultura local. De hecho, parte de su filosofía es la recuperación de los platos regionales.
Limpio: se produce en armonía con el medio ambiente y la salud. Están libres de agroquímicos y transgénicos.
Justo: se vende a precios accesibles para el consumidor, con condiciones y a precios convenientes para los pequeños productores.

COMERCIO JUSTO Y SOLIDARIO